A Mi Mamá

Creo que a los amores más grandes de la vida no se les puede describir fielmente, ni se les puede encerrar a la fuerza dentro de algunas palabras, pero como las letras son mi forma de expresión predilecta, vale la pena intentar contarte lo que significas para mí, mamá.

Tú eres una de las razones por las que comencé a escribir. No quiero dejarle a la memoria tantas y tantas remembranzas tuyas, de mi papá y de esta hermosa familia con la que la vida me bendijo al nacer. No perdonaría olvidar más de lo que seguramente ya he olvidado.

Cuando pienso en ti vienen a mi mente miles de recuerdos lindos, los que más atesoro son aquellos de la niñez en los que me leías un cuento antes de dormir, mis festejos de cumpleaños en Showbizz, Helen’s y Reino Aventura, y esas tardes cosiendo junto a ti los angelitos que adornan cada año nuestro árbol de navidad.

Te recuerdo preparando la rosca de reyes, aplaudiéndome con una gran sonrisa en los concursos de poesía, enseñándome a cocinar panque de elote y llevándome al centro aún sabiendo que te sablearía para que me compraras plumas, sellos, pulseras y demás chácharas que nos topábamos.

Pienso en secundaria y preparatoria, cuando llegaba de la escuela a contarte todo lo que había pasado. Hasta el día de hoy siento que mi jornada no está completa si no te la platico.

Y también recuerdo que cuando te operaron del corazón le fallé a mis ganas de ser fuerte para poder transmitirte confianza en que todo estaría bien. A unos días de la operación no había noche en la que no llorara, aunque intentaba ser positiva, el miedo a perderte me hacía flaquear en un instante.

Una noche antes de la intervención oramos mis hermanos, tú y yo para pedir al cielo que te protegiera y que iluminara a los doctores en cuyas manos estaría tu corazón. Casi pude sentir que mi papá acompañaba nuestras plegarias.

El día que nos ocupaba la mente llegó y, me apena decirlo, de nuevo fallé en mi propósito de abrazarte y darte la bendición sin llorar. Minutos más tarde entraste al quirófano, a unos metros de ahí rezábamos y se unían en oración familia y amigos. Tras la ansiosa espera supimos que todo había resultado bien; el alma me volvió al cuerpo.

Me permitieron quedarme contigo la primera noche en el hospital. La madrugada se sintió eterna, llevabas acostada casi veinte horas sin poder moverte por lo que constantemente preguntabas la hora y me pesaba tener que decirte que apenas habían pasado cinco minutos desde la última vez que habías preguntado. Pesaba todavía más saber que faltaban varias horas hasta que te permitieran cambiar de posición, ser testigo del terrible dolor que tenías y no poder ayudarte a aliviarlo me partía el corazón.

Esa ardua noche valoré aún más tus desvelos para cuidar de mí y de mis hermanos, tus apapachos cuando enfermamos y la calma que me das cuando mi mundo se derrumba.

Hoy, como tantas veces lo he hecho, doy gracias a Dios por cuidar tu corazón, por regalarte una vida nueva. Doy gracias porque nos tenemos un día más y porque tengo la oportunidad de decirte una vez más lo mucho que te amo. Y como cada noche, ruego a la vida que nos siga dando tiempo.

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