Carta al Más Pequeño de Mis Amigos: Mi Sobrino

Hoy, mientras te cargaba, contemplaba la paz en tu tierno rostro y pensaba en la bendición tan grande que eres para nuestra familia. Hoy quise escribirte una carta y así expresar lo que pasaba por mi mente hace unas horas cuando te miraba.

Aún no cumples dos meses de haber nacido, apenas estoy conociéndote, no sé cómo será tu personalidad, ni cómo será tu voz, ni cuáles serán tus talentos, pero lo que sí sé es que es que fuiste esperado y recibido con tanto amor que eres un niño con una gran estrella, y esa estrella te acompañará a lo largo de tu vida.

Tal vez cuando leas estas líneas ya te habrás dado cuenta de esto pero te lo diré de todos modos: el mayor tesoro que tendrás es la familia y las vivencias que con ella compartas. Los buenos recuerdos nos acompañan hasta el final de nuestro andar, lo material se queda en el camino.

Naciste en la época de la conectividad, época en la que todo está al alcance de tu mano, en la que basta un toque para obtener lo que deseas en un instante. Espero que recuerdes que el toque más cálido siempre será el de una mano amiga, el abrazo de un ser querido.

Ten presente que las mejores cosas en la vida requieren esfuerzo y que en ocasiones ese empeño tendrá que ver pasar días, meses o años para dar frutos. Sé paciente y no dejes de ir tras tus sueños.

Como llegaste al mundo en tiempos de redes sociales, quisiera que nunca olvides que el “me gusta” más genuino y más importante proviene de quienes más te aman y, sobre todo, de ti mismo.

Honestamente anhelo que conforme crezcas el mundo vaya siendo un poco más humano, que, por ejemplo, volvamos a mirarnos de frente en la calle en vez de sólo esquivarnos para no chocar mientras caminamos viendo el celular. Ojalá que el concepto de “conectar” se entienda más como dos personas teniendo una conversación frente a frente, y no tanto como enviar o recibir un frío texto tras la pantalla de una computadora o de un celular (o de cualquier aparato que inventen en el futuro).

Deseo también que de grande seas lo que quieras ser pero que en todo momento procures ser feliz.

Que en tu corazón exista la voluntad de ayudar a quien lo necesite. Mi papá, tu abuelo, constantemente decía “es agradable ser importante, pero es más importante ser agradable”. Ayudar a los demás es una bella forma de ser agradable.

Y más que nada mi querido amiguito pido que la vida nos dé mucho tiempo para disfrutar una infinidad de momentos juntos, para platicarte y para que me platiques lo que te emociona y lo que te sucede, para algún día poder aconsejarte o pedirte un consejo, para verte crecer y celebrar contigo cada uno de tus logros, cada una de las metas alcanzadas.

No sé cuántos años tendrás cuando leas esta carta pero, independientemente de la edad que tengas o de lo que estés viviendo, deseo que te sepas amado por tu familia, y también por tu tía y amiga Lore.

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