Festejamos la llegada de este año viendo fuegos artificiales en el cielo, con la mirada llena de esperanza en que los meses por venir traerían grandes sorpresas. Y así fue. La vida nos sorprendió mostrándonos la facilidad con la que se puede poner en pausa al mundo entero y silenciarlo.

Veíamos noticias de un virus al otro lado del mundo y tuvimos la soberbia de pensar que eso que causaba sufrimiento en un lugar tan lejano no nos afectaría a nosotros.

Recuerdo que al inicio de este 2020, estando en el aeropuerto despidiendo a mi familia, sentí tristeza porque algo en mi corazón me decía que la siguiente navidad no estaríamos juntos, yo pensaba que la razón era porque estaríamos en diferentes continentes. En ese momento no le hubiera creído a quien intentara convencerme de todo lo que estábamos por vivir.

Nunca imaginé un escenario en el que habría días en los que optaría por no abrazar a mis personas más queridas por miedo a hacerles daño. Nunca pensé que me esperaban tantas y tantas noches de insomnio, tantas lágrimas, tanta tristeza y tanta incertidumbre.

La navidad está cerca, pero algo se siente muy diferente a otros años, me parte el alma saber que habrán lugares vacíos en las mesas de miles de hogares en el mundo, me duele mucho pensar que en mi familia habrá ese hueco que dejó un ser excepcional cuya vocación y misión en la vida fue la de curar a personas, un hombre muy querido por todas y todos quienes tuvimos la enorme fortuna de conocerlo. Primo querido, confío en que mi papá te recibió en el cielo con una sonrisa, de la misma forma cálida en la que me platicaste que te recibió en tu primer reunión con la familia.

Con el ánimo bajo me he preguntado qué es lo que se puede festejar de este año, y aparecen en mi mente mi mamá y el milagro de su corazón fuerte, mis sobrinos y mi familia tan querida. Doy gracias a Dios por el regalo de estar viva y por tener un día más para expresar mi cariño hacia quienes hacen que seguir en pie tenga un motivo.

Hoy el miedo sigue siendo un sentimiento compartido por la mayoría de los habitantes de este planeta. Escuchamos profecías caóticas, llegan noticias de la aparición de un intruso aún más peligroso, pero ante tantas amenazas recuerdo que la única certeza que tenemos es la de este momento en que damos un respiro más, entonces cierro los ojos y respiro profundamente, deseando que el próximo año traiga misericordia para la humanidad.

 

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